EL ARTE DE NO INTERRUMPIR

En un mundo tan acelerado como el actual pasamos muy poco tiempo escuchando a los demás. Siempre estamos apurados y no tenemos paciencia para atender a quien nos habla. ¿Cómo podemos desarrollar el arte de no interrumpir?

Aún los médicos y los abogados, que fundamentan parte importante de sus diagnósticos en base a lo que escuchan de sus pacientes y clientes, nos hacen sentir como que debemos resumir brevemente la información relevante de nuestra salud y pare de contar.

Sin embargo, cuando mantenemos una conversación intentando preguntar con interés sobre el tema, más que dando información sobre nosotros, notamos que la otra persona se abre y se siente satisfecha.

Si practicamos el escuchar con atención a nuestro interlocutor, concentrándonos en no interrumpirle para hablar de nosotros, hallaremos mucha información interesante no sólo en las palabras de quien nos habla, sino también en sus actitudes, gestos, tonos de voz, etc.

La palabra conversar viene del latín “conversus” que significa “convertirse”, es decir que a medida que escuchamos las palabras que se nos dicen ellas van produciendo una transformación en nosotros que puede ser muy enriquecedora.

Por eso es importante desarrollar el arte de no interrumpir, es decir que tomemos actitudes creativas y concretas que nos conduzcan  a proponernos prestar atención a las personas que buscan comunicarse con nosotros.

Hay algunos puntos importantes que nos pueden ayudar a desarrollar el arte de la no interrupción:

  • No dar nada por supuesto. Muchas veces pasa que cuando la persona empieza a hablar ya creemos intuir todo lo que quiere decir y comenzamos a emitir nuestra respuesta interrumpiendo de esta forma a quien nos habla.
  • Tomar la actitud de persona dialogante. Haciendo muchas preguntas a nuestro interlocutor para animarle a profundizar lo que nos dice.
  • Mirar a los ojos de forma natural. Esta es una excelente forma de comunicación no verbal que demuestra interés.
  • Tratar a todos los que nos hablan por igual. Sin importar su condición, su aspecto o su origen.
  • Respetar a quien nos habla. Buscar una comunicación agradable con quien nos habla, pues podemos aprender mucho de los niños, los ancianos, los indigentes o de cualquier persona.
  • No pensar en casos parecidos. Muchas veces ocurre que mientras nos hablan recordamos pasajes similares o evocamos situaciones con las mismas características que abstraen nuestros pensamientos y no nos dejan escuchar.
  • Hablar con todos. Sin tener prejuicios de cultivar la amistad de barrenderos, marginados, presidentes de empresa, gerentes, fracasados y triunfadores.
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4 responses to this post.

  1. […] niño que interrumpe continuamente las conversaciones, el chico que habla como ametralladora que no para, el jovencito […]

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