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¿Cómo comunicarte honestamente sin herir sentimientos?

Muchas veces herimos a las personas que apreciamos y las lastimamos. Hablar sobre tus sentimientos en primera persona te permite comunicarte con honestidad, pero sin herir los sentimientos del otro.

Quienes te rodean y aprecian tienen derecho de que seas honesto respecto a tus sentimientos cuando te comunicas con ellos. Al decirles lo que sientes puedes ser genuino sin herir sus sentimientos.

Imagina que tu jefe te llama un día para decirte: “¡Lo que hiciste no tiene nombre, has hecho quedar muy mal a la empresa, eres una persona irritante!”

Las palabras de tu jefe expresan que está molesto contigo, pero también son hirientes porque te atacan a quemarropa.

Ahora cambiemos la escena imaginada haciendo que tu jefe te exprese sus sentimientos: “Me siento muy molesto por lo que dijiste en la reunión, me irrita que se hagan alusiones de esa naturaleza.”

En este caso las palabras de tu jefe te pueden llevar a reflexionar sobre lo que hiciste o dijiste, pero no están apuntando a herirte.

Por supuesto que este asunto de aprender a decir las cosas expresando tus sentimientos puede ser aplicado a cualquier situación. Veamos otros ejemplos:

Forma negativa: “¡Qué te pasa , por qué siempre tiras la puerta, vas a destruir la casa!”

Expresando el sentimiento: “¡Me molesta que se tire la puerta, no quiero ver desportillada la pared!”

Forma negativa: “¿Por qué siempre me interrumpes cuando estoy hablando?”

Expresando el sentimiento: “Me frustro cuando empiezo a contar algo y no puedo terminar”

Forma negativa: “¡Otra vez llegaste tarde! ¡Eres impuntual y desinteresado!”

Expresando el sentimiento: “Siento que ya no tomas interés en mí y he llegado a pensar que ya no me amas”

Cuando expresas tus sentimientos en primera persona, imprimes tu relación de honestidad, pero sin acusar ni herir, esto te ayuda a comunicarte mejor, y hace que la otra persona no se sienta atacada.

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LOS ERRORES DE UN BUEN COMUNICADOR

No cabe duda que los errores son los amigos de los buenos comunicadores. Si eres un buen comunicador y deseas mejorar aun más tu comunicación con los demás, toma en cuenta los errores cometidos y aprende de ellos.

 Carola salía apresurada todos los días y tenía que atravesar el parque a la carrera para no perder el autobús. En dos oportunidades cayó de bruces  mientras corría.

 Por la tarde pensó: -“El andar tan apurada está afectando mis nervios. Además, estas caídas podrían ocasionarme una fractura. Será mejor que salga 15 minutos antes, así no tendré que correr.”-

 Carola aprendió de sus errores, ese aprendizaje le enseñó a optimizar mejor su tiempo, a no andar corriendo y a ser precavida.

¿Cómo pude un buen comunicador aprender de sus errores?

  •      Los errores te dicen cómo puedes mejorar y te abrirán el camino a otras oportunidades.
  •      Hay que saber aprovechar los errores para saber lo que no debes volver a hacer.
  •     Los errores te ayudan a aprender a reaccionar positivamente ante las caídas.
  •     Te enseñarán a no tirar la toalla tras tus primeros intentos.
  •    Te enseñarán a luchar y a no rendirte a la primera.

En resumen, son los errores los que te enseñarán a perseverar ante las adversidades; y te darán la pauta para que manejes tus sentimientos apropiadamente.

Un buen comunicador sabe que el reto más importante que tiene es desarrollar su carácter y aprender a controlar sus palabras y sus emociones. Por eso debe tomar especial cuidado de cada error que comete para no repetirlo.

Como buen comunicador que eres serás cada vez más certero para tomar las decisiones apropiadas que te ayudarán a que la calidad de tu comunicación crezca. No te rindas ¡Jamás! en ese aprendizaje.

Quienes más lo notarán son las personas con las cuales te relacionas, aunque también lo harán tu salud y tu estilo de vida.

El mayor fracaso sería el no seguir intentándolo. Debes estar abierto a mejorar  y, ¡aprovechar! cada oportunidad que tengas, sin olvidar que los fracasos son realmente valiosos para un buen comunicador.

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VALIOSOS ERRORES

Un buen comunicador no rechaza los errores, no los ve como un fallo, más bien los asume como una etapa necesaria en la búsqueda de aciertos. Son una fuerza problematizadora que le ayuda a crecer.

Cuando un comunicador enfrenta las distintas circunstancias de la vida, sabe que se le presentarán muchos obstáculos, y que muchas veces fallará al intentar superarlos.

Sin embargo, no se deja hundir por esos errores, más bien los valora, porque sabe que gracias a esos errores aprenderá a tener aciertos.

Cuando Edison inventó la bombilla eléctrica, no le salió a la primera, sino que realizó más de 1000 intentos.

Alguien le preguntó porqué persistía, y Edison respondió: “No son fracasos, he conseguido saber 1000 formas de cómo no se debe hacer una bombilla.”

Sin crisis no hay crecimiento

Son pues las crisis las que permiten que los comunicadores veamos ambas caras de un mismo asunto, nos ayudan a ver el círculo completo, nos facilitan una visión amplia que nos ayuda a comunicarnos con más sabiduría.

Los errores nos ayudan a relacionarnos mejor

La comunicación pone en común a dos o más personas. Las experiencias compartidas nos ayudan a comunicarnos mejor, a interrelacionarnos con los demás.

En esas relaciones nos pasan cosas buenas y otras malas, pero los buenos comunicadores usan esas experiencias para  construir procesos de comunicación en toda la extensión de la palabra.

La comunicación no se limita a unos momentos en la vida

La comunicación se desarrolla en la práctica, se hace en la vida, en el proceso, en el diálogo, en la participación, en la reflexión de las experiencias.

Los comunicadores somos participantes activos dentro de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestra sociedad.

Debemos saber que sólo participando, involucrándonos, haciéndonos preguntas y buscando respuestas es que podemos aprender a comunicarnos  mejor.

Es por eso que los errores son valiosos, ellos son parte de la vida y del esfuerzo que hacemos por ser mejores.

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UN BUEN COMUNICADOR ENFRENTA LOS CAMBIOS

Los cambios en el mundo llegan vertiginosamente. Un buen comunicador debe aprender a enfrentarlos sin temor, aprendiendo a adaptarse adecuadamente a ellos.

 Las técnicas memorísticas con las que fuimos formados no han podido servir de herramientas útiles en un mundo donde los mapas y entornos se alteran todo el tiempo.

 Los cambios nos llueven intensamente, y pretenden envolvernos con la rapidez de un tornado.  Crecimos conociendo unas cuantas variables y muchas constantes, pero ahora enfrentamos miles de variables y contamos con pocas constantes.

 ¿Cómo afrontar esos cambios tan repentinos?

 Estas son algunas sugerencias:

  •  Mantén una actitud abierta ante los cambios. Es decir, ten la disponibilidad de aprender de ellos y usarlos para mejorar.
  •  Responde creativamente a los cambios. No te lamentes ni paralices, más bien debes ser flexible en tu forma de actuar.
  •  Aprende a ver que todos los desastres que pudiesen traer los cambios, puedes transformarlos en oportunidades.
  •  Usa tu intuición para enfrentar los cambios. Dios nos la dio precisamente para superar conflictos y adversidades.
  •  Debes estar dispuesto a ser creativo ante los cambios, verás que tendrás una nueva inspiración que harán surgir en ti nuevas ideas y soluciones.
  •  Analiza todo lo que pasa a tu alrededor, si analizamos lo que pasa podremos entender el pasado que lo ha causado y el futuro que desencadenará.

 

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DERROTA A TUS PROBLEMAS

Qué difícil es vislumbrar una luz al final de túnel cuando las circunstancias nos abruman. Es como si hubiésemos recibido un entrenamiento para mirar sólo los problemas, y esa actitud nos ocasiona dificultades a la hora de comunicarnos.

 Prueba a poner un punto negro en medio de una hoja en blanco, y pregunta a varias personas “¿Qué ves?”. La mayoría, si no son todas, te responderán –“veo un punto negro”-

Y es que estamos casi condicionados a concentrarnos en el pequeño punto negro, y pasamos por alto el gran espacio blanco que ocupa casi toda la hoja.

Lo mismo nos pasa en la vida diaria, las malas experiencias nos han enseñado a concentrarnos en los problemas, y esa actitud nos impide apreciar todas las cosas buenas que disfrutamos cada día, aunque no les otorguemos su verdadero valor.

Pruébate contestando estas preguntas:

  • ¿Cuándo diriges tu mirada hacia arriba, te concentras más en la nube negra o en el resto del cielo azul?
  • ¿Te fijas más en el defecto de algún amigo(a) que en el resto de sus cualidades?
  • ¿Pones más énfasis en detectar tus errores que aciertos?
  • ¿Te concentras tanto en tus problemas que no paras para vislumbrar sus soluciones?
  • ¿Dirías que tus preocupaciones son un obstáculo para que tengas buena comunicación con tu familia y amigos?

Si respondiste afirmativamente a la mayoría de estas preguntas, es que definitivamente te concentras demasiado en tus problemas.

Al estar tan concentrado en lo negativo, nos quedan pocas ganas de mejorar nuestra comunicación con los demás, y ello nos vuelve a traer problemas.

Es como entrar en un círculo vicioso ¿no es cierto? Pero ¡buenas noticias!, puedes cambiar esta situación y derrotar con tu actitud a esos problemas.

Considera estos consejos:

  • Haz una lista de todas las cosas que tienes y deja de lado las que te faltan. Luego da gracias a Dios diariamente por todas esas bendiciones. Saca esa lista, y léela cuando te sientas más hundido en tus preocupaciones.
  • Pon atención sobre todo lo que pierdes cuando te afanas. El afán no trabaja con las personas visionarias y de fe. Aprende a apreciar la belleza de la naturaleza que te rodea,  valora a tus seres queridos, y comunícate más con ellos.
  • Medita sobre cuál es tu misión en la vida ¿para qué te puso Dios en esta tierra? Trabaja para cumplir esa misión, disfrutando cada día de lo que haces. Sueña, canta, comparte, comunica, y aprende a practicar más la generosidad.

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UN BUEN COMUNICADOR SABE CUÁNDO VOLAR

Hay quienes aman sus lugares de confort, no están dispuestos a cortar con esas “amistades” que lo paralizan. Un buen comunicador  sabe cuándo debe cortar la rama para poder volar.

Hay una historia que quiero compartirte. Es sobre un halcón que se quedó estancado en la rama de un árbol y no había nada ni nadie que lo motivara a volar.

Un rey, que observaba desde su ventana esa situación, ofreció una gran recompensa a la persona que lograse hacer volar a ese halcón.

Al día siguiente, cuando se levantó, fue de inmediato a observar desde el ventanal si se había logrado algún cambio con el ave.

Y efectivamente, el halcón ya no estaba allí, alcanzó a divisar su vuelo en la distancia.

— ¿Quién es el autor de este prodigio?— preguntó. De inmediato llevaron a su presencia al campesino que logró sacar al halcón de su rama.

— ¿Cómo lo lograste?— le preguntó el rey. —Fue sencillo—, contestó el hombre, —simplemente corté la rama donde estaba el halcón y se dio cuenta que tenía alas para volar. —

Muchas veces, nos estancamos en un sitio que nos parece cómodo y nos negamos a usar nuestras alas para volar.

¿Cuántas veces has intentado conversar con personas sumamente egoístas, que no están dispuestas a ceder? ¿Te ha pasado que tratas de hablar con alguien que es más frío(a) que una pared?

No te mantengas atado a lo que no vale la pena. Usa tus alas, vuela alto, busca amistades que te ayuden a crecer. Un buen amigo jamás permitirá que te estanques.

Si tienes amigos que están estancados, ayúdalos cortando su rama. Un buen comunicador es alguien que sabe cuándo volar y cuándo cortar la rama de alguien.

TRES CLAVES PARA COMUNICARTE EN TIEMPO DE CONFLICTOS

Aprender a dialogar en tiempos difíciles es un arte que se debe desarrollar con mucha práctica. Las siguientes tres claves son fundamentales para hacerlo con efectividad:

Clave 1: Aprende a iniciar correctamente la resolución del conflicto.

La forma en que abordamos el conflicto puede ser determinante para la respuesta final.

Es importante que disciernas si en el caso concreto que enfrentas es mejor abordar el asunto inmediatamente o si más bien debes esperar un poco.

El enfoque que le des al tema debe apuntar a resolverlo no simplemente a que intercambies reproches. “Carlos, las palabras que me dices son muy hirientes, pero creo que será mejor que hablemos después de que duerman los niños”

“Anita, esta no es la forma correcta de responder a papá, vamos al jardín para que hablemos a solas sobre esto.”

Clave 2: Aprende cuándo parar

No te enfrasques en ganar la discusión al final de la conversación. Debes darte cuenta cuándo hay demasiada tensión, pues las emociones suelen dar muy malas pasadas.

Lamentablemente en esos momentos solemos sacar cosas del pasado, exageramos las ofensas o decimos palabras hirientes.

Antes de que esto pase es mejor detener la conversación. “Creo que estamos demasiado tensos para continuar, será mejor que hablemos después de la cena.” “Será mejor parar aquí, por la tarde tendremos mejores ideas para resolver este asunto.”

Saber cuándo parar el conflicto es una habilidad muy importante que debes desarrollar para tener una comunicación exitosa y terminar con el problema.

Clave 3: Aprende a escuchar

 Escuchar y afirmar el pensamiento del otro es muy importante en el manejo de conflictos, mucho más si estás tratando de resolver un asunto con tus hijos, pues validar o afirmar su razonamiento es útil para su desarrollo.

Al escuchar activamente tomas la actitud de interesarte sinceramente en entender el punto de vista de la otra persona y eso ayuda mucho para resolver el problema.

La mayoría de los conflictos surgen porque no sabemos escuchar,  por eso es necesario que te esfuerces en entender a la otra persona y que ella te entienda a ti.

Si, por ejemplo, dialogas con tu hijo adolescente, aprende a valorar sus críticas y no las tomes como ataques personales. Por el contrario, úsalas para explicar tus decisiones y para dar un enfoque positivo a la discusión.