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Aprende la habilidad de comunicarte con una palabra

En muchas ocasiones una sola palabra puede comunicar mejor que un largo sermón. En este artículo te explico cómo aprender a usar esta habilidad.

El propósito de una buena comunicación es dirigirse y enfocarse en el lado bueno de las personas: Su inteligencia, su responsabilidad, su iniciativa, su sentido del humor, y su capacidad de ser sensibles a las necesidades de los demás.

Sin embargo, muchas veces usamos  un lenguaje que hiere el espíritu, principalmente cuando queremos manifestar nuestra molestia, nuestro desacuerdo, o cuando queremos corregir un error.

Estas situaciones se presentan habitualmente en nuestra relación con los hijos, o en la oficina, cuando nos dirigimos a los empleados.

Cuando hay un clima tenso una sola palabra podría obtener mayor cooperación y evitaría herir sentimientos.

Ejemplos:

-“Todos estos papeles de impuestos son sumamente importantes para la empresa. Usted sabe perfectamente que debemos presentarlos en una fecha determinada, así evitamos multas ¡por demoras e incumplimientos; por tanto apúrese y presente los papeles de una vez!”-

La opción de una sola palabra:

-“Gómez: ¡Los impuestos!”-

Si se lo mencionamos yendo al punto, la otra persona es lo suficientemente inteligente para recordar su responsabilidad de presentar los impuestos, en vez de escuchar todo un discurso.

-“¡Mira nada más! Estás entrando nuevamente a la casa sin limpiarte los zapatos ¿Por qué te gusta arruinar mi trabajo de todo el día de esa manera? ¿No te das cuenta que estás metiendo gérmenes a la casa, y que a ti mismo pueden causarte enfermedades?”-

La opción de una sola palabra:

-“Carlos: “Los zapatos!”

El muchacho que llega concentrado en otros asuntos, recuerda que debe limpiárselos antes de entrar gracias a que escuchó la palabra clave. En este caso los sermones están por demás.

Al ser específicos, expresándonos solamente  con una o dos palabras, estamos usando una forma respetuosa de recordar algo a los demás.

La forma práctica de desarrollar la habilidad de comunicarte con un palabra es simplemente practicando. Empieza ya.

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12 FRASES FAMOSAS SOBRE COMUNICACIÓN

En esta ocasión te presento 12 frases famosas referentes a la comunicación. Espero que las disfrutes y que te ayuden a reflexionar:

1. “Cuando alguien habla demasiado, sus palabras suenan sin oírse.” (Konrad Adenauer).

2. “Encanto más talento más una ligera informalidad, le ayudarán mucho al principio; pero al final de cuentas, es la brevedad la que conquista el corazón del público.” (R. Cheney).

3. “La discreción en el hablar importa más que la elocuencia.” Baltasar Gracián

4. “No hables sino cuando estés perfectamente instruido o cuando te veas obligado a romper el silencio. Sólo en este caso vale más hablar que callar; fuera de éste, más vale callar que hablar.” (Isócrates).

5. “Para hacerse comprender lo primero que hay que hacer con la gente es hablarle a los ojos.”

6. El que mucho habla, mucho yerra; callar a tiempo es de sabios. Prov. 10:19 (Biblia, VP).

7. “Pon tu corazón, tu mente, tu intelecto y tu alma incluso en tus más pequeños actos. En esto reside el secreto del éxito.” (Swami Sivananda).

8. “Recuerde que no basta con decir una cosa correcta en el lugar correcto, es mejor todavía pensar en no decir algo incorrecto en un momento tentador.” (Benjamin Franklin).

9. “Siempre hay tiempo para soltar las palabras, pero no para retirarlas.”

10. “Si no sabéis comunicar bien con los demás, no sabréis convencer ni motivar. Si no sabéis comunicar estaréis mal informados y no podréis dirigir ni controlar con eficacia.” (Robert Papin).

11. El imprudente habla mal de su amigo; el prudente guarda silencio. Prov. 11:12 (VP).

12. “Aprendamos a decir las cosas con presteza, claramente, de forma sencilla y con una determinación serena: hablemos poco, pero con claridad; no digamos más que lo que es estrictamente necesario.” (Emile Coué).

LA BENDICIÓN DE UN COMUNICADOR

Bendecir es decir bien, hablar bien, desear el bien. Un comunicador es alguien que trabaja en beneficio de la sociedad, por tanto, es una persona que tiene la obligación de bendecir a los demás.

El diccionario Larousse define la palabra “bendición” como la acción de invocar la protección divina en favor de una persona.

Y de eso se trata, de pedir a Dios que les vaya bien a todas aquellas personas con las que nos contactamos en nuestra cotidianidad.

Alguien se preguntó por qué hay tan pocos judíos en las cárceles del mundo. En base a esa pregunta, se hizo todo un estudio científico que diera respuestas.

Una de las explicaciones más contundentes que se encontró fue que los judíos tienen la costumbre de bendecirse unos a otros diariamente.

Esas palabras de bendición otorgan seguridad en sus niños y jóvenes, y pueden enfrentar la vida  con más firmeza.

Pero las bendiciones no son sólo un asunto de religión, son un tema de visión. Es decir que las buenas palabras que tengo para otras personas evocan una visión positiva de sí misma a esa persona.

¿Cómo puedo bendecir a mis seres queridos?

1.        Comienza por anotar en un papel todos los aspectos positivos que ves en esa persona.

2.        Luego anota todas las cosas buenas que desearías para esa persona.

3.        Ora diariamente por esa persona.

4.        Cuando la veas  dile una de las bendiciones que anotaste para ella.

5.        Expresa aprecio y valoración  por esa persona regularmente y delante de otras personas.

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COMO A REYES

A quien no le gustaría ser tratado como un rey o una reina. El trato que recibimos nos forma una opinión muy directa sobre las personas o sobre las instituciones que representan.

La prensa ha dado a conocer que el rey Abdalá II, gobernante de Jordania, acostumbra a disfrazarse para ir a lugares públicos.

Lo hace con la intención de hablar con gente común, para averiguar qué piensan, y para conocer cómo tratan los empleados civiles a su pueblo.

Ha visitado lugares públicos, hospitales y oficinas gubernamentales para conocer el tipo de servicio que brindan.

Se dice que al Rey se le ocurrió esta idea mientras estaba en la ciudad de Nueva York. No podía salir de su hotel sin que lo acosaran, así que decidió disfrazarse.

Como la táctica dio resultado, optó por aplicarla en su país. Informó que en cuanto empezó a practicarla, los funcionarios comenzaron a tratar a todo el mundo como a reyes.

¿Qué pasaría si comienzas a tratar a los miembros de tu familia como a reyes? ¿Y  qué dirían tus compañeros de trabajo se los tratas a ellos como a reyes?

La ley de la siembra y la cosecha indica que debemos tratar a los demás como deseamos que ellos nos traten a nosotros.

El trato cordial y amable, el servicio genuino y desinteresado y el respeto sincero, son valores que debemos emplear para tratar a los demás como a reyes y crear un buen ambiente para desarrollar tu comunicación con todos.

Cuando tratamos a una autoridad tan importante, nos esforzamos en que todo salga perfecto, no queremos perder ningún detalle, y nos predisponemos para tener éxito en el contacto que tengamos, aunque sólo sea un saludo.

De la misma forma debemos proceder con los demás, especialmente con los más allegados a nosotros, para que les demostremos el gran aprecio que les tenemos.

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HERMOSA SENCILLEZ

El continuo afán por competir, por compararnos constantemente con otros, ha opacado con adornos artificiales el desarrollo de la sencillez, esa virtud que comunica fortaleza interior y cautiva profundamente.

 La personalidad sencilla  nos permite progresar internamente, nos hace personas auténticas y genuinas, pues no necesita de artificios para fluir, simplemente se desarrolla.

Tal vez pase desapercibida al principio, pero luego penetra, impacta y deja huellas profundas con su encanto natural.

El querer impresionar a los demás impide que comuniquemos sencillez, convirtiéndonos en personas superficiales e incluso “infladas”, presumiendo hasta el hastío de posesiones y logros.

¿Qué hace una persona sencilla?

Está lista para escuchar y es lenta para hablar y enojarse.

  • Evita acaparar las conversaciones, especialmente con el “yo” “yo”.
  • Utiliza palabras adecuadas pero no rimbombantes.
  • No aprovecha cada ocasión para dar “clases magistrales sobre el tema”.
  • No ostenta todo el tiempo sobre logros, aciertos y reconocimientos alcanzados.
  • Su enfoque es el de servir con sus virtudes y cualidades no el de sobresalir.
  • No pierde el tiempo buscando una segunda intención o significado en las actitudes y palabras de los demás.
  • Viste sin ser estrafalario.
  • Se lo reconoce por su amabilidad y cortesía.

Es muy chocante conocer personas que se vanaglorian constantemente. La persona sencilla sabe apreciar a las personas por lo que son, lo que permite entablar diálogos amistosos y sinceros con ella.

La sencillez comunica fácilmente un corazón genuino, que no se obsesiona con las apariencias externas y no está dispuesto a hundir al otro para ganar.

ALEGRA TU COMUNICACIÓN

La alegría le da sabor a nuestra comunicación, contagia entusiasmo y gozo que se entremezclan con nuestras palabras y nuestras actitudes; no debemos dejar de sazonar nuestra vida con ella y de transmitirla a los demás.

 Mi amiga Margarita es una persona alegre, le pone tan buena actitud a la vida, que es capaz de superar cualquier circunstancia adversa con esa fuerza interna que le permite sentirse satisfecha por encima de las circunstancias.

Nunca falta una sonrisa en su rostro, ve el lado positivo de las cosas y es capaz de comunicar su alegría interior como una luz que irradia sobre la oscuridad.

Además es capaz de transmitir una actitud serena, pues confía en Dios y valora todo lo que la rodea. Disfruta de lo simple y lo cotidiano y es capaz de deleitarse profundamente observando un atardecer, un concierto de pajaritos o un parque lleno de niños.

Personas como ella reflejan la alegría que proviene del interior de su ser, reflejan paz y satisfacción interna, en su mente y en sus emociones, por eso les es fácil comunicarla, pues quienes la perciben se dejan contagiar por ella.

Aquí van seis puntos específicos que te ayudarán a mantener una actitud alegre:

  •  Aprende a contentarte con lo que eres y lo que tienes. No estés comparándote constantemente con otros o deseando lo que otros tienen, valora lo tuyo, aprecia tus dones y talentos.
  • Sé agradecido. Es fundamental apreciar lo que Dios nos da cada día, la luna en el cielo, una mirada amable, todos esos pequeños detalles que hacen que la vida sea llevadera.
  •  Confía en Dios. Quienes confían en Dios, llenan su corazón de paz y gozo que pueden irradiar a otros.
  •  No seas mezquino con tu sonrisa. Una sonrisa hermosea el rostro y comunica más que mil palabras; no dejes de obsequiársela a los demás.
  •  No te concentres en tus circunstancias. No mires lo que te pasa y lo que te molesta todo el tiempo. Cuando uno enfoca sus pensamientos en enfermedades, dolencias, amarguras y rencores, está alimentándose de enojo y tristeza interior. Mira por encima de lo tuyo y haz más por los demás.
  •  Sé un dador generoso. Quienes dan se sienten alegres. Cuando contribuyes en favor de alguien que sufre, cuando compartes tu tiempo o tus bienes, cuando haces cosas en beneficio de los demás, te sientes bien en tu interior simplemente porque es mejor dar que recibir.

ANIMA Y COMUNICA

Animar es impulsar, estimular, valorar y mover a fin de levantar y alentar quienes nos rodean.

Todos necesitamos que otras personas nos inspiren y nos llenen de esperanza y valentía, ese aliento nos da ánimo.

Es cierto que la comunicación tiene muchas facetas y una de ellas debe ser la de infundir ánimo.

Los que otorgan ánimo son personas optimistas y generosas que disfrutan dando aliento a los demás.

Saben que pueden levantar a los corazones caídos y que pueden empujar a los que están estancados.

Aquí tienes algunas pautas que puedes usar para animar a otros:

  • Cree en la otra persona ya que si crees en ella creerás que puede lograr sus metas.
  • Enfócate en que la otra persona mejore, no en que sea perfecta. El error de presionar para lograr perfección en el otro lo cometen principalmente los padres que no comprenden las etapas de maduración de sus hijos y les exigen más de lo que pueden dar; esa actitud no anima, más por el contrario, causa frustración.
  • Estimula a la otra persona a esforzarse y no te concentres sólo en el resultado final. Animar es alentar en cada etapa, empujándola a seguir adelante. Si le hacemos ver que sólo “ganan” los que terminan victoriosos no estamos dando ánimo verdaderamente, sino que estamos convirtiendo el ánimo en exigencia.
  • Hazle ver que las derrotas no son fracasos sino obstáculos que hay que superar y que las equivocaciones son parte del proceso de aprendizaje de la vida.